Aquel pequeño piso.
He sentido el piso, donde los animales duermen
y donde los gusanos viven
El mismo piso, donde las plantas crecen
y el destino hace nido.
Crecí corriendo sobre tierra y pasto,
despertaba con cantos que amanecen con la luz
sin idea de casi nada, e ingenuo del reloj.
Aprendí con la manada,
contándoles mis sueños, mientras que los sueños valen
nada
sentidos como duele la vida, adoloridos de pisadas
propias en la cabeza.
entre cuartos nadie manda, pues en barco chico todo mundo
habla.
Aprendi a mirar el cielo y respirar,
o bien eso ya sabia.
Entre atardeceres naranjas y nubes azules,
Saboreaba espejos que te da la vida,
y después llorar como lloran los niños cuando sus padres se marchan
Llegue a la vida sabiendo nada,
Hoy escribo al final de mi poema y concluyo.
La luna sabe a lágrimas.
— Gracias por leerme.