La poesía no es por ellas.
Piensan que escribimos poesía para ellas.
No son el verdadero motivo.
Como el egoísmo.
De aquella soledad fría, como nube que llora y luna.
De sentir la vida en carne y el deseo en las manos.
De hacer las letras sangre y la vida teñir de violines.
Piensan que escribimos poesía por ellas,
pero no.
Es por el fuego,
el fuego que arde cuando sus labios no están.
— Gracias por leerme.