Escritos libres

Escrito libre · 2025

¼ de siglo.

La vida no dura cien años y a los placeres se le acaba el presupuesto.

La muerte es la única eterna, es el consuelo de la vida. Si pudiéramos gesticular después de muertos, ¿Cuantos de nosotros sonreiríamos? Como señal de calma y bienestar, Cuántos de aquellos llorarían aferrándose a la vida cuando se vive para morir. ¿Qué es tan importante cuando la muerte te espera? No hay negociaciones, te mueres como se muere una flor, como se muere el sol cada tarde y no llora y no hace nada. La muerte no posee, la muerte no te mata, ella nos espera con sus brazos de paz y luna. Nos cuida como una madre cuando dejamos el cuerpo, la muerte te ama. No quiere la vida, esta vida es mía y entiendo que no es tan importante, como un abrazo de los que te aman. Tampoco quiere tu alama, ella la cuida, esta alma es Dios y este cuerpo es polvo, yo sería la distancia que reside entre estos dos si tan solo fuera algo, ¿Qué soy? Pues que hago, sería la mente, aunque ella le pertenece más a la evolución que nos dio el privilegio de pensar como consecuencia de nuestra existencia y mientras me jacto de ser mente, mi cabeza escribe estas letras con ideas preestablecidas desde mi nacimiento, una consecuencia.

Somos seres únicos desde un microscopio, pero desde la ventana somos todos iguales.

Ser una consecuencia de un ente que conjuga para crearnos como nos percibimos para sentirnos especiales y lo somos, tanto como la hoja del árbol que creció porque hubo oportunidad de que creciera con sus verdes descritos en las raíces. Un árbol no es un árbol, son hojas, troncos, ramas y raíces, pero el árbol no sería sin la tierra, sin el agua, sin el aire y sin el sol que le da sus correspondientes fotones como desayuno. El árbol no sería sin aquellos que se cubren el sol de bajo de él, sin los nidos de aquellos pájaros cantores que dan serenata y junto con sus cantos las noticias del día anterior, el árbol vive para ser árbol y se es cuando se cumple con lo que tenemos y con lo que damos. Eso sería un árbol, nadie es tan grande para ser estando solo, tal vez solo Dios. Aunque Dios no es uno, Dios somos todos. Aunque más allá del ser de Dios estamos aquí jugando que hacemos cosas importantes, ¿qué tan importante puede ser construir un edificio después de la muerte?, ¿una pintura?, importante para los vivos que siguen creyendo en la puntualidad y corren como perros tras una paloma cuando el reloj marca la hora del trabajo, ¿A dónde vamos? ¿Y porque de prisa?, el tiempo que siempre llega y no hay vida que alcance.

Entre el tiempo y el azar se teje nuestra suerte, y entre suerte y suerte nuestro destino esta marcado, a donde vamos si no es a morir y que cuando muera, que las bocas que besé me recuerden como se recuerdan a los mangos en otoño.

Hoy estoy vivo y el café que tomo me sacia el espacio, la respiración y el suspiro, vapor. Hoy, mientras vivo mi nueve mil ciento treinta y un día, no he repetido ningún amanecer y los amaneceres tampoco me ha repetido, no he sido el mismo. He cambiado como cambian los ríos con la lluvia, como cambian los bosques con el sol y como cambian las personas con sus amores que suceden como arcoíris frente a la tormenta, vientos de cambio y de valentía de pasos dados sin vueltas atrás, los besos a escondidas y los abrazos que no se dieron, hoy desgastan mi pensamiento por creerme cobarde y no saber amar. Iluso es aquel que se cree las ilusiones y piensa que el mundo gira en torno a él, que todos le prestan atención y se hace cobarde, se hace pequeño de valor y le teme al comentario que nunca surge, como yo. Que importan las palabras de los mirones que nada les complace y nada debería. Amar como si no hubiera consecuencias porque es mas feo quedarse con las ganas y que baile el que pueda, que la vida solo la disfrutan los valientes que aman, que ríen, que perdonan aquellos que se levantan después de la caída, sacuden el polvo de ellos, respiran y siguen caminando, a el llanto lo seca el viento y no hay dolor que no cese ante un corazón implacable, la vida se trata de seguir adelante aunque a veces no se pueda, habrá días que quieras correr y de la cabeza te saldrán alas para sentir que tocas el cielo.

Hoy, con 25 años, presiento que estoy dejando de ser adolescente.

He sentido el suelo, donde los gusanos viven y donde las plantas hacen raíces, viviendo un poco de más sin pensar en consecuencias, en que los barcos naufragan por alguna razón. Entre mareas de placer, ocio y desquehaceres, se encuentra el infierno, que escondidamente en un momento de lucides abre sus cortinas para mostrarte que tus sueños e ilusiones se van con el humo y entre las botellas, que las esperanzas se limitan a volverte a embriagar, esta vez un poco más, se asoma la muerte y te guiña su ojo de calaca, te pide otro cigarro y brindas con ella, por las borracheras de la semana y que nunca me falte el vicio de una buena mujer y una buena vida.

Desde el fondo de un pozo vez que el día se acaba más rápido, que las personas pasan a un lado y dejan sus flores, ven tu sombra pero no te escuchan y se alejan con el viento, se encuentran resignadas a nunca volverte a ver, te abrazan, pero no eres tu, abrazan lo que las drogas han hecho de ti, te hablan, pero tus oídos no oyen más allá de un encendedor o el destapar de una cerveza. Una cerveza de botella verde y etiqueta blanca, humo espeso de olor a flor y la soledad. Haces de ti una cueva y espacio donde la muerte llegue cálida y despacito.

El miedo no anda en burro y la miseria tampoco.

Cuando sientas que el lodo te come entre animales y heces, que la noche no saldrá para ti, que tu muerte traerá alegría y consuelo para aquellos que te aman, el sol te dirá por la mañana que puedes volar y que la miseria más grande es nunca intentarlo pues la gloria está reservada para lo que se han sacudido el polvo, la gloria de no volver a donde ya estuviste y conocer el placer que da una buena vida, muchos disfrutan el licor y las drogas, pocos la respiración durante una mañana cualquiera. Tu eliges. No volver a pisar el barro con la cara, caminar recto y enfocado, hacia lugares que no conozco, hacia las piernas que no he visto hacia la boca que no he besado.

Vivir como si la vida se acabara, como si la muerte llegara.

Vivir, por que un día no veré el sol salir desde la ventana y dejare pendiente ese café, no veré más a los seres que me acompañan y ellos tampoco me verán, dejare todo lo que amo, las personas, pintar, leer, escribir, nadar y hundirme en mi espacio de soledad donde solo estoy yo, mis plantas, un café y acuarelas o libros, música para mis oídos.

Vivir, porque en la luna lloraría sin no lo hiciera.

La vida no es tan importante, tenemos miles de días para levantarnos y sacudirnos el polvo, todos en busca de sentirnos perfectamente bien, en busca de la paz.

Por eso digo, estoy dejando de ser adolescente. Los amores me aburren e invierto en aquello que me daría un buen futuro, tan aburrido que me gustaría ser un koala.

Te deseo una buena vida y que leas más.

— Gracias por leerme.